domingo, 21 de octubre de 2012

El mejor país del mundo

Atendiendo al título del post, muchos de vosotros tendréis en cabeza países gigantes como EEUU, Japón, Alemania, naciones que han tenido indudablemente un peso hegemónico en la Historia, y en la política mundial. Algunos incluso habréis afinado más y pensado en países como Canadá.

Pero no, para sorpresa de muchos puede decirse que el mejor país del mundo para vivir es Dinamarca. En este país rodeado de islas, se vive con los niveles más bajos de corrupción del mundo, y un amplio abanico de derechos y políticas sociales, de igualdad y libertad, sin importar la raza o el sexo, la mayor libertad de prensa e información del mundo según el ranking Reporteros sin Fronteras, todo ello gracias a una sociedad comprometida sin parangón con la contribución y el compromiso social, y del pago de impuestos -de los más altos del mundo con un 46% de salario de media- que contribuyen a un sistema educativo, sanitario y de gestión de los más eficientes del mundo.

Lo que sería una utopía en otros lugares, aquí se hace realidad. Bien cierto es que su alto nivel de vida conlleva unos altos precios, lo que no quita que estén ajustados al nivel de salarios que se ofrece (tenían 1,3% de paro en 2008, antes de la crisis económica) y que su cultura, al igual que muchas otras como la española, tiene una cuestionable y a mi modo de ver, criticable tradición con los animales. Es habitual ver cada año, en los mares de Dinamarca, como se desata un baño de sangre que tiñe de rojo el agua, cuando miles de jóvenes, a modo de reafirmar su mayoría de edad (18) atraen cetáceos y delfines con reclamos, para a continuación lancearlos masivamente provocando un festival de sangre dantesco que en mi opinión, debería cuestionarse y acabarse por la brutalidad del acto. Y lo mismo con las corridas de toros, por supuesto.

Así las cosas, mientras que Dinamarca copa los primeros rankings de todo el mundo en cuanto a bienestar social y calidad de vida en todos los sentidos, por no hablar de su monarquía, de las más queridas del mundo y la más antigua (Gorm el Viejo, 958 d.c.), también, como todo hijo de vecino, tiene problemas en el patio trasero de casa. Y es que sus dos territorios de ultramar, Islas Feroe y Groenlandia, gestionados como autonomías, tienen una cultura identitaria y tradición oral muy marcadas, pese al influjo danés. Lejos quedan los tiempos en que los vikingos daneses asolaban todo el continente europeo con sus incursiones, ora desde Gran Bretaña a Constantinopla, ora el Imperio Romano al que hizo sucumbir e hizo arder hasta los cimientos de la vieja Sevilla.

Por eso ahora, una Groenlandia cuyo deshielo ha abierto al mundo una nueva tierra rica en recursos y probablemente, enormes fuentes petrolíferas, claman, junto a las Islas Feroe, por su independencia. Será cuestión de dirimir en el Parlamento danés las posibilidades, si bien, han otorgado, al igual que en Escocia, un referéndum a los feroeses y groenlandeses para que decidan el destino de su tierra.

Con seriedad, firmeza y racionalidad podemos aprender mucho de Dinamarca, al tiempo que veo que quizás, hace mucho tiempo que bien puede decirse, nuestro país ha perdido el Norte. Aprendamos, pues.


http://es.wikipedia.org/wiki/Dinamarca

viernes, 19 de octubre de 2012

Réquiem por los objetos sin dueño

¿No os ha sucedido alguna vez que salís a la calle y veis objetos que se ubican en el lugar más insospechado?

Salir a la calle puede convertirse en un ejercicio de interpretación farragoso, en un terreno donde todo es de todos, y convive un mundo de símbolos y señales, donde la máscara de lo anónimo permite la libertad de expresión en su máximo exponente.

Pero no nos pongamos metafísicos. Al grano. Como decía, a menudo, voy por la calle y observo objetos como un tacón sin pareja apostado en una esquina, zapatos de otra época y sentido estético, una maleta abierta, calzoncillos, bragas... todos esos objetos inertes, ajenos al caótico devenir del mundo, esconden una historia, lo cual me hace preguntarme que historia guardan tras de sí.

Por ejemplo, ese tacón de cenicienta trasnochada puede ser objeto de una huida de una fémina o incluso, ser usado como arma arrojadiza contra algún gañán que la esté molestando sexualmente y la requiera, sin éxito, para el alivio de tales deseos. 

Unas bragas o unos calzoncillos sucios dejan menos espacio a la suspicacia si cabe, una noche de pasión, un desliz sexual amparado en la complicidad nocturna de las callejuelas o por qué ponernos románticos, cuando quizás simplemente, alguien quería deshacerse de sus ataduras y decidió que podría estar más fresco yendo con todo al aire.  

Otro de esos objetos que me llaman la atención son las maletas. Estas pueden guardar mil historias y viajes recorridos, sentimientos, dolor y todo lo que conlleva una vida fútil y pasajera. Hasta la muerte puede ir dentro.

Luego están los símbolos callejeros: por todo el panorama callejero español, y por supuesto, de todo el mundo, está invadido de proclamas ideológico-políticas de todo tipo, arte del bueno y del malo, graffitis y por último, las zapatillas colgadas en un tendido eléctrico. La teoría más repetida habla de que el origen de colgar zapatillas en los cables hay que buscarlo en Nueva York, en los 80, aunque de ahí parece que se extendió, sobre todo, a los países latinos. Se dice que es una forma de marcar el sitio donde hubo un ajuste de cuentas entre bandas, la señal de un punto de venta de droga o la marca del lugar donde ha muerto un joven a manos de la Policía. 

Así que la próxima vez que andéis por la acera, observad bien lo que hay vuestro alrededor pues podéis acabar en una zona en la que os quedéis sin zapato, sin vida, o todavía peor, puede que piséis una mierda de perro.