viernes, 30 de mayo de 2014

El bipartidismo sigue reinando en Europa

Como si de un enorme reflejo político se tratase, las elecciones al Parlamento Europeo dejaron el pasado 25 de mayo un sabor a continuismo rancio, a las mismas caras de siempre con líderes europeos que en nuestro país son para la mayoría desconocidos, aunque tomen a con frecuencia decisiones relevantes que afectan a nuestra vida diaria.

Pese a que desde España, los resultados electorales se percibieron con una mezcla de sorpresa, triunfalismo y vientos de cambio por la irrupción de Podemos en el panorama europeo, a la hora de la verdad, la llave de las decisiones la siguen teniendo los dos grandes partidos, los Populares europeos con el eterno Juncker a la cabeza, y el partido de Socialistas y Demócratas, que dirigidos por un siempre sonriente Martin Schulz, siguen haciendo de comparsa para tener unidos el dominio efectivo del Parlamento Europeo, arrojando unos resultados de 221 eurodiputados azules y 191 rojos respectivamente. Por detrás de ellos sólo consiguieron seguirles la marcha, tras la tropa de eurodiputados sin partido político, pero con muchos menos votos, los partidos liberales y conservadores, y tras ellos, los diferentes grupos de los conocidos como eurodiputados verdes.

Es por ello que, una vez pasó la resaca electoral, en nuestro país la atención se enfocó más en los nuevos cinco inquilinos sorpresa de Podemos en los escaños europeos que en el ambiente de continuismo político y la influencia en el resto de Europa que estos tienen junto a los Barroso, Draghi y compañía.

Si bien es cierto que la campaña mediática previa de estas últimas elecciones, ha sido mucho más intensa que las anteriores, también lo es que a día de hoy, en muchos de los países europeos periféricos todavía se contempla con arraigado escepticismo la repetida intención de este gobierno mastodóntico de llevarnos a un futuro mejor, aunque eso signifique quemar y recortar a diestro y siniestro dejando miles de víctimas por el camino, para salvar a los bancos, en base a las directrices de la archiconocida Troika, que cada vez más permite ver, por otra parte, tímidas señales de recuperación que aún están por confirmar.

Puede que sea sólo la política del palo y la zanahoria o una mezcolanza de intereses de los inversores, intereses políticos y financieros, y muy especialmente el resultado del contrapeso alemán al estilo francés de hacer política pero en cualquier caso lo que sí queda claro es que, con esta travesía por el desierto, mucha Europa se está quedando por el camino, y hará falta bastante más que unas cuantas sonrisas de fotografía en grupo para recuperar la confianza perdida y ese sentido europeísta que, tal vez, nunca llegó a toda Europa.