lunes, 26 de octubre de 2015

Miedo

Hay quien vive con miedo a vivir, y hay quien vive con miedo a lo que viven los demás.

Ese miedo tiene muchas caras, y se manifiesta en formas como la envidia, la incertidumbre e incluso, la ira.

El miedo es muy relativo, y su contraparte está en la sensación de seguridad.

Ojo, no en la seguridad en sí misma, sino en la sensación aparente de que todo marcha bien.

Ahora mismo, por ejemplo, estoy haciendo algo tan kafkiano como abrir mi cuenta bancaria, a la vez que pienso sobre la vida y el rebaño sempiterno en el que vivimos.

Si fuera consciente de que ese euro, ese número suspendido sobre la pantalla, es sólo una ficción bancaria para que me mantenga tranquilo, y que,con un par de clicks de cualquier hacker del mundo podría dejarme en la más profunda de las ruinas, me pondría nervioso.

Si, además de mí, hubiera una masa de personas que supiese que esto mismo les puede ocurrir, y que están indefensos por la incompetencia de los gobiernos que han elegido, también se pondrían muy nerviosos.

Y el efecto podría ser devastador para un sistema que, a la vez que complejo, parece que puede desmoronarse en cualquier momento, dentro de este proceso de constante cambio social.

El miedo es un sentimiento contagioso, como una pandemia, como una enfermedad silenciosa.

Jamás se supo de un efecto psicológico tan grande, capaz de generar tantos cambios en una población.

Y sin embargo, ahí está, tranquilo, esperando, a que una nueva causa lo vuelva a despertar.

¿Cuál será la siguiente?



domingo, 27 de septiembre de 2015

Victoria precoz, derrota asegurada

En un día histórico y en un momento álgido para la cohesión de nuestra Historia nacional, en el que las tintas de las rotativas cargan furiosas contra los movimientos aparentes y reales de la vida política que ahora gira en torno al referéndum, adelantando una incipiente victoria de la hueste nacionalista catalana, parece el momento adecuado para la reflexión tranquila y profunda sobre los movimientos y posibilidades de uno y otro bando político en el tablero.

Más allá de la evidente torpeza y derrota mediática del Partido Popular, así como de su cabeza visible, Mariano Rajoy, del que todos se esmeran en desacreditar, pocos parecen conscientes de que, quizá, todo se deba a una espera felina, como táctica y principio, para dar un golpe maestro, por la vía legal y constitucional, a la orquesta independentista, que ya mucho antes del resultado, anticipa un pasacalles con las trompetas de la victoria, en un nuevo orden independiente que aunque factible, es cuanto menos anacrónico y falaz en muchos de sus puntos.

Sabiendo por descontado que, con toda la Comunidad Internacional en contra de la ruptura, y con parte importante del tejido empresarial cuanto menos reticente a los cacareados beneficios de una Catalunya independent, no debemos olvidar que existen diferentes mecanismos legales para abortar este intento rupturista, de los que el Presidente puede echar mano para salir reforzado en todos los sentidos de esta crisis estructural y social.

Por una parte, tal como indica la LOPJ en su artículo 14, los Jueces y Magistrados pueden pedir auxilio a las autoridades pertinentes en caso de que su independencia se vea inquietada o perturbada. La creación de órganos judiciales paralelos al sistema español, y la evidente creación de una estructura estatal catalana paralela, pone en peligro la mencionada independencia de muchos jueces y magistrados que se podrían ver obligados a salir de dicha Comunidad ante la creación de un sistema jurídico alternativo.

Además estos mismos órganos judiciales deben proteger de forma efectiva los derechos y libertades de los ciudadanos, en especial, los del Capítulo Segundo Título I, (Derechos Fundamentales) por lo que, si las libertades de un sólo ciudadano de Cataluña se vieran atacadas en este proceso independentista, este ciudadano podría solicitar la defensa sus derechos ante cualquier Tribunal español. En este sentido la libertad que proclama el artículo 17.1 de la Constitución, podría verse claramente atacada para muchos ciudadanos que ahora viven en Cataluña.

Sin olvidar el artículo 155.1 de la Constitución que habilita al Estado a tomar las medidas necesarias para acabar con cualquier intento de desobediencia ilegal de una Comunidad Autónoma o de su Presidente. Tampoco es desdeñable el artículo 472 de su Código Penal, que en sus apartados 5º y 6º, castiga precisamente este tipo de conductas.

Viendo que por la vía legal, aún de forma breve, hay mecanismos legítimos más que suficientes para rechazar el intento independentista, no hay que olvidar que en Cataluña vive una gran mayoría de población silenciosa, (unos cinco millones frente a los dos millones y pico de independentistas) que aún no se ha pronunciado, y que, quizás y sólo quizás, no quieran separarse de ese enorme conjunto plural y a menudo conflictivo que es España, y que, con sus virtudes y defectos, tiene aún muchas vías por las que desarrollar y defender un proyecto histórico mucho mayor que el del nacionalismo exacerbado al que, en parte por la crisis social y económica, estamos asistiendo.

Puede que se deba al desconocimiento o al interés político y mediático, pero la Historia ya nos mostró como, por la vía de hecho, el President Lluís Companys tuvo que capitular en su débil intento separatista frente a Lerroux y el general Batet, y parece que en esta ocasión, aún con nuevos tiempos y retos al frente, estamos condenados al "eterno retorno" que tan sabiamente supo ver nuestro querido Azorín.

viernes, 20 de febrero de 2015

Periodista

Ser periodista es describir el mundo que percibes pintándolo con palabras. Es arar las palabras, cultivar la mente en busca del concepto más certero, de la sensación que más se acerque a la verdad. Pero el periodista tiene dos enemigos que a menudo, obvia o subestima, de forma consciente e inconsciente, como murallas a su objetivo final: describir la verdad de la forma más certera posible. Dos barreras, son su propia percepción influida y subjetiva de los hechos, por su experiencia y entorno vivido, y de otro, más en base a los primeros es el de los intereses, tanto personales como de terceros, que nublan la precisión de los hechos. 

Por último como gran barrera tenemos la propia capacidad de retención y atención, los sentidos puestos en el momento noticiable y la importancia que se les atribuya a los mismos, influido tanto por la escala de valores personales como por la del editor y otros factores de peso como el económico. 

Todo esto, junto al marketing de la palabra, hacen que la noticia se desvirtúe, contorsione y transforme de modo que el filtro que hay entre la realidad y el receptor, esto es, el periodista, no sea un trasvase todo lo limpio que debiera ser y por tanto, en hechos noticiables de mayor importancia, el efecto que tienen titular y contenido son mucho más tóxicos de lo que debieran ser. 

De ahí la esencial necesidad de que el periodista, por principio, tenga una formación fuertemente arraigada y específica en el campo en que se quiera especializar, así como que se garantice su independencia tanto económica como de pensamiento, hecho puesto a diario en tela de juicio por la propia realidad imperante.
El periodista quiere y puede ser un perito de la actualidad diaria. El obstáculo está en que cuando no se está suficientemente cualificado para entender y describir el hecho específico, y aún así se hace, se cae en una suerte de fast food de la noticia que hace que nuestro conocimiento de la realidad, dado por aquellos en quien delegamos esa función imprescindible, sea desvirtuado, contaminado y artificial. Y como en toda fuente de la que se bebe, si está contaminada, al final intoxica al rebaño en una suerte de enfermedad de la percepción de múltiples formas, de modo que hiere de muerte la ciudadanía y por ende, nuestra ya maltrecha democracia.

viernes, 30 de enero de 2015

La justa medida

Quiero dar las gracias a todos aquellos que han sabido ver todo lo bueno que hay en mí,

a pesar de mis errores, conscientes e inconscientes,

a pesar de las heridas,

a pesar de las trazas que marqué,


Quiero agradecer a todos los que, más allá de la apariencia, supieron ver el fondo,

la finalidad y el sentido. El deseo de querer hacerlo bien.

A pesar de que queda mucho, de que está todo por hacer,

pese a ser un aprendiz, pese a trazar sombras de gigante,

pese a todo.


Los que saben ver, pueden encontrar lo que hay detrás y entonces,

pese a todo, valorar los actos, las circunstancias

en su justa medida.