jueves, 4 de marzo de 2010

Haz lo que te plazca

A menudo, dedicamos el tiempo a hacer cosas que realmente no nos satisfacen, o que simplemente nos dan igual, es decir, desperdiciamos el incalculable valor de nuestro tiempo, de nuestra vida, en hacer cosas que ni siquiera nos motivan.

Vengo a hacer un llamamiento ante esta triste situación: podría decirse que la mayor parte del mundo anda desorientado en cuanto a aquello que le gusta o quiere hacer. Desorientado o forzado a hacer aquello que no le gusta. Ante esta situación yo lanzo al mundo la proclama: "Haz lo que te plazca". Porque en definitiva, nuestro tiempo, nuestra vida es muy limitada y no podemos andar cediendo a los intereses o finalidades de los demás, aunque sean incluso nuestros propios padres, que a veces, inconscientemente o por miedo, suelen coartar las alas de nuestra más preciada libertad. Nuestros sueños volarán hasta donde nosotros queramos, y solo si les dejamos que aprendan a volar. Para ello habrá que caerse, intentar volar de nuevo, volver a caer, pero si hay algo de lo que no tengo duda, es que si se intenta con constancia, no cejando a pesar de los fracasos, finalmente tocarás el cielo, lo sentirás con la punta de los dedos y esa es, seguramente, la mejor sensación que podemos experimentar. Felicidad y autorrealización en estado puro.

Tengo un miedo oculto y es que, a medida que pase el tiempo, la velocidad de la vida y la sociedad vayan a aplastar nuestros sueños. Y es que podemos ser testigos de ello en el día a día. Vemos gente por la calle, corriendo, estresada, y en nuestro entorno no es difícil encontrar personas que no son felices con lo que hacen o con su situación. Pero hay algo, una cuerda, un resorte psicológico que les ata y les impide rebelarse contra aquello que les mantiene atrapados y si no hacen nada, la soga, poco a poco, va ahorcando sus sueños. Nuestros padres siempre nos han dicho aquellas cosas que están mal hacer. También nos lo dijeron en la escuela, nuestros profesores y hasta los amigos, con distintos comportamientos, pueden y de hecho han influido decisivamente, en nuestra forma de ser. Puede decirse sin duda, que buena parte de lo que somos encuentra su razón en aquellos con quien más tiempo pasamos. Es por ello que siempre es bueno unirnos a personas que tengan las mismas aspiraciones, sueños y actitudes que las nuestras, porque ello dará fuerza y abonará el camino para alcanzar nuestras metas. Debemos hacer un ejercicio de reflexión interior y preguntarnos si somos felices. En caso de una respuesta negativa, tras mirar en nosotros mismos debemos mirar en nuestro alrededor. Hay mucho que cambiar y podemos cambiar muchas cosas. También debemos tener en cuenta que la felicidad no es un estado constante sino alternante. Sin embargo, dependerá de nuestro estado general el que estemos actuando en congruencia con aquello que queremos ser. En caso de no saberlo, lo mejor es salir a la calle y empezar a moverte, a hacer cosas, pues irás recibiendo señales claras que te indicarán hacia donde ir. Empieza por hacer aquello que más te gusta y mejor se te da. Luego, con constancia en la búsqueda, habrás encontrado tu vocación .

La juventud, baluarte de la libertad y la inconsciencia, tiene como deber luchar contra la maquinaria social que desgasta nuestros sueños. Es nuestra misión mantener vivo el fuego de los sueños y transmitir el mensaje a aquellos que han perdido la esperanza. Somos capaces de lo mejor y de lo peor. Ya es hora de que nos pongamos manos a la obra para salvar del naufragio a una sociedad que paulatinamente se ha mecanizado. Un símil que puede ayudar sería el de la situación de las vacas lecheras. Han pasado de vivir libres en extensos prados verdes a pasar encerradas las 24 horas en granjas altamente mecanizadas en las que únicamente se dedican a producir. Centrémonos menos en producir por producir lo que se supone que es útil para la sociedad, porque es mucho más útil invertir en nuestros sueños, y a la larga, mucho más beneficioso para la sociedad y el mundo en todos los sentidos. Solo a través de los sueños, y el empeño que pongamos en llevarlos a cabo se puede cambiar el mundo. No lo olvidemos nunca porque ello significaría que, finalmente, hemos perdido nuestra libertad.