jueves, 14 de febrero de 2013

El cáncer de España


Buenos días piratas. Hoy vengo a hablaros de un enorme problema que introducido hasta las entrañas de este país nos llevará probablemente a nuestra propia autodestrucción.

Decía Von Bismarck que España era el país más fuerte del mundo, porque llevaba toda la vida intentando romperse y todavía sigue unido. Pero esto puede cambiar perfectamente.

Si hubiera que apuntar al núcleo del problema, sin duda, habría que indicar a la chupóptera clase política que tenemos en la cual, desde el roedor más pequeño hasta la Rata Mayor quieren agenciarse su parte del pastel. Sólo hay que echar un breve vistazo a como está orquestado nuestro sistema político para ver que es un tinglado hecho a su gusto y conveniencia, con mecanismos de protección y privilegios justificados frente al resto de poderes públicos (como su capacidad para evadirse de la responsabilidad penal por delitos impunemente) así como el arbitrario sistema de beneficios que se adjudican encalomándose a horcajadas en nuestros hombros, en concreto, la clase media. Así, está a la orden del día cientos de miles de facturas "justificando" gastos de gestión como jamones, puros, plantas y hasta kilos de detergente. Vamos, una granja de cerdos al más puro estilo orwelliano.

Desde que estoy viviendo una pequeña experiencia en la Administración Pública, he podido sumergir un poco la cabeza en el seno de nuestro sistema, y ver que el tumor es ya imparable.La ineficiencia y el derroche de recursos es tan espectacular que lo que me extraña es que el "rescate" financiero europeo no llegara hace décadas. 

Pero es que por si fuera poco, el sistema judicial que tenemos, además de contar con una ley de procesamiento criminal obsoleto, una lentitud exacerbada (una media de año y medio en resolver un caso) y un sistema de almacenamiento de datos propio del medievo (en montañas de papeles donde los casos van muriendo lentamente) hacen que lo que debería ser un normal ejercicio de la justicia sea poco más que un teatrillo.

Si además de nuestro sistema administrativo, político y judicial añadimos a la receta el ingrediente de un sistema educativo deficiente, precario (a la altura de Venezuela y por debajo de India) y con alta tasa de abandono y fracaso escolar no tenemos sino el cóctel explosivo perfecto para que la fiesta española acabe siendo un desastre.

Difícilmente podemos formar parte de algo más grande como la Unión Europea si tan siquiera somos capaces de organizarnos nosotros mismos de forma mínimamente decente.



domingo, 10 de febrero de 2013

Elogio de lo normal

En una época en que la clase media se está yendo a pique, en la que la crisis social, política, económica y de valores es rampante, emerge más que nunca una reivindicación de la esencia de lo cotidiano, en que lo normal se vuelve extraordinario, y un estamento social que en otros tiempos fue la insignia del Estado del bienestar, hoy, en su lento hundimiento, asistimos a un clamor popular que reivindica, a través de distintas vías de expresión artística, el orgullo de lo ordinario.

Películas como Carmina o Revienta (y muchos otros largometrajes de cine español), la canción de Manel (la Gent Normal) y otros tantos eslabones de la cadena cultural que vienen desarrollándose desde hace décadas son el testimonio vivo de una forma de vida que al menos en este país ha sido demasiado tardía como para poder ser plenamente conscientes de la misma y tan efímera que cuando se acabe quizás no sepamos muy bien a qué atenernos.

En el horizonte se vislumbra un futuro oscuro, como las ovejas que camino del matadero, no ve más allá de las cortinas oscuras que le separan de la muerte, pero cuyo balido quejicoso del rebaño le hace intuir un destino fatídico.



A medida que se va conformando en España una conciencia crítica sobre nuestros ejecutores, nos damos cuenta de que a priori tenemos tres alternativas ante el problema: escapar, gritar, o cerrar los ojos y callar. Cada uno toma su decisión, pero sin estar unidos, difícilmente podamos afrontar el futuro con éxito. Por eso, se hace cada vez más patente a través de los distintos medios de expresión, artísticos e informativos, como ese gigante presuntamente insumergible que era la clase media, da los últimos golpes de pecho sobre sí mismo y toca la melancólica canción de violines que precede al hundimiento de esta sociedad. Mientras tanto, otros cabestros prefieren parecerse a sus amos o incluso los defienden con la esperanza de que eso les salve la vida.

Quizá haya pasado demasiado poco tiempo para saber lo que fuimos, pero antes de entrar en el túnel, espero no olvidemos de dónde vinimos y  hacia donde vamos; pero sobre todo, me gustaría aprendiésemos de los errores cometidos en el pasado. Visto lo visto, lo dudo mucho, la verdad.