miércoles, 30 de enero de 2013

Los hijos olvidados de Dios


Últimamente he tomado contacto con varias personas desconocidas, de la calle, mayoritariamente indigentes y he podido comprobar que muchas veces, cuando no te queda nada más a lo que aferrarte, cuando sólo queda el miedo y la desesperación muchos se agarran a su fé en Dios. Es una cuestión harto discutida y discutible la existencia de Dios en cualquiera de sus formas simbólicas, pero me llama muchísimo la atención como personas, normalmente de nivel cultural bajo, encomiendan toda su suerte a este ente intangible, e incluso en alguna ocasión me han llegado a decir que temen más a Dios que a la propia muerte. Caso éste el de un chico, al que por anonimato llamaremos Mario, el cual tuvimos la suerte de conocer y el cual es un ex-miembro y prófugo de las FARC de Colombia. En su momento nos narró la travesía, pruebas y sufrimientos increíbles que tuvo que pasar allí, más propios de una película de acción y suspense que de algo real. Pero sucede todos los días.

Ocurre que todas esas personas tiradas en el suelo junto a las que pasamos a diario, a menudo sin siquiera dignarnos a dirigirles una mirada de compasión tienen una historia interesante, una lección de vivir y sobre como la vida les ha vapuleado tanto para llevarlos hasta ahí. Han tenido momentos de gloria, han saboreado la riqueza muchas veces y después han fenecido en el más cruento de los olvidos.

El ayudar y ponerte en contacto con este tipo de personas te hace apreciar de verdad las cosas personales y  materiales que se tienen y en mi caso, como el de mucha gente, le abre el corazón, le enriquece en experiencias como persona y le ayuda a comprender que una cosa que para ti es una insignificancia tener y que malgastas fácilmente, para ellos, es una oportunidad única de salvar el día y seguir luchando por sobrevivir.

Desde hace tiempo he tenido la convicción de que los indigentes son millonarios en realidad, pero ellos no lo saben, en algo de lo que nosotros a menudo carecemos o despilfarramos ignorantemente. El tiempo. Si te das cuenta la ecuación tiempo = dinero está mucho más relacionada de lo que parece. "El tiempo es oro" dicen algunos con gran sapiencia. Y tienen razón, sólo si sabes gestionar bien tu tiempo, podrás llevar a cabo aquello que deseas y no caer en el lamento o la culpabilidad de aquello que hice pero no pude, o peor, pude pero fue culpa de otro que no lo hiciese.

Así las cosas, son estas personas (habiendo de toda clase como en todos sitios) gente que suele tener un gran corazón y se repite el hecho de personas pobres que sin tener nada, dan una parte de lo que tienen proporcional  a lo que nosotros no damos,  es decir, incluso aquellas limosnas que nosotros no entregamos, ellos reservan una parte de lo que tienen para ayudar a otros en su situación. Realidades ocultas a nuestros ojos.

También he podido observar que estas personas sí que adolecen a menudo, como es obvio, de una falta de iniciativa y espíritu de lucha para salir del pozo en el que han caído. No obstante, creo si fueran conscientes de que con ayuda e incluso sin ella, como otros muchos han hecho, se puede salir de lo más profundo de ellos mismos, y así tendrían una motivación extra para salir adelante.

El amor, Dios, un corazón generoso y una riqueza de miles de millones de segundos en su haber son su mejores bazas para ganarle la dura batalla que la vida les ha planteado. Por ello espero, que cuando paséis delante de una de estas personas, tengáis en cuenta que ellos, a su manera, son soldados en reserva para volver a luchar, boxeadores que han caído del ring y espera que alguien les dé una mano para incorporarse y dar el golpe de gracia....comida, dinero, conversación....recordad, con mucha menos ayuda de lo que creéis y fuerza de fé en uno mismo se pueden mover montañas. Sed la luz que ilumina su camino y tendréis un faro más en el vuestro. Suerte.


jueves, 3 de enero de 2013

Periodista Kane

Hace un tiempo cada vez más lejano, ser periodista significaba poder disfrutar de la mejor profesión del mundo para quien supiera apreciarla. Hoy día sin embargo, denostados, desprestigiados, tratados como mercancía de baja estofa, muy mal pagados y despedidos a las primeras de cambio, el periodismo puede llegar a convertirse en un salto de fé, una travesía en el desierto asfixiante y agotadora, que con un sol de justicia te ciega impidiendo escudriñar cualquier oasis, destino y perspectiva futura. Si alguna vez hubo esperanza, yo no he sido testigo de ello.

Hoy día, la carrera de Periodismo es la más desprestigiada del mundo. No obstante, cientos de miles de jóvenes siguen pasando por sus aulas, con esperanza religiosa, en convertirse en periodistas y disfrutar del sueño romántico que para muchos fue pintado. Algunos desean ser periodistas deportivos, y narrar las epopeyas en este siglo de oro del deporte español. Otras sólo quieren ser bellas chicas modelo de telediario, acróbatas del improperio en seriales de la prensa rosa o programas de humor con poco humor y muchas tetas.

Y por último, entre todo ese maremágnum del cada vez más amalgamado mundo periodístico, está el género intelectual viajero, ese tipo de loco soñador que busca en el Periodismo esas alas que dé impulso a sus ensoñaciones. A pocos está reservado el placer de convertir ese sueño en realidad y a día de hoy, sólo si vas con buenas reservas de gasolina en el motor de los ideales y los principios, y le añades un complemento monetario con otro trabajo -titánica tarea- puedes alcanzar esa quimera que cada día se planta más lejana en el horizonte: un periodismo de calidad.