lunes, 26 de octubre de 2015

Miedo

Hay quien vive con miedo a vivir, y hay quien vive con miedo a lo que viven los demás.

Ese miedo tiene muchas caras, y se manifiesta en formas como la envidia, la incertidumbre e incluso, la ira.

El miedo es muy relativo, y su contraparte está en la sensación de seguridad.

Ojo, no en la seguridad en sí misma, sino en la sensación aparente de que todo marcha bien.

Ahora mismo, por ejemplo, estoy haciendo algo tan kafkiano como abrir mi cuenta bancaria, a la vez que pienso sobre la vida y el rebaño sempiterno en el que vivimos.

Si fuera consciente de que ese euro, ese número suspendido sobre la pantalla, es sólo una ficción bancaria para que me mantenga tranquilo, y que,con un par de clicks de cualquier hacker del mundo podría dejarme en la más profunda de las ruinas, me pondría nervioso.

Si, además de mí, hubiera una masa de personas que supiese que esto mismo les puede ocurrir, y que están indefensos por la incompetencia de los gobiernos que han elegido, también se pondrían muy nerviosos.

Y el efecto podría ser devastador para un sistema que, a la vez que complejo, parece que puede desmoronarse en cualquier momento, dentro de este proceso de constante cambio social.

El miedo es un sentimiento contagioso, como una pandemia, como una enfermedad silenciosa.

Jamás se supo de un efecto psicológico tan grande, capaz de generar tantos cambios en una población.

Y sin embargo, ahí está, tranquilo, esperando, a que una nueva causa lo vuelva a despertar.

¿Cuál será la siguiente?



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